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Antes Corona El sábado dos dominicanas hicieron que el mundo mirara hacia República Dominicana por buenas razones.
El argumento
Joheirry Mola conquistó la corona de Miss Mundo y Marileidy Paulino volvió a imponerse en la Liga Diamante.
Una pasarela y una pista de atletismo tienen poco en común, pero sus triunfos me llevaron a pensar en algo que repetimos con demasiada frecuencia: qué buenos somos celebrando el talento cuando ya ganó y qué poco sabemos acompañarlo mientras intenta llegar.
Contexto
Detrás de cada historia de éxito existen años que casi nadie vio.
Madrugadas, disciplina, renuncias, frustraciones, recursos que no alcanzan y momentos en los que continuar parece tener poco sentido.
Conclusión
Pasa con atletas, artistas, estudiantes, emprendedores y profesionales, hombres y mujeres.
El resultado ocupa titulares; el proceso casi siempre transcurre lejos de ellos.
En República Dominicana talento nos sobra.
Lo que muchas veces falta es identificarlo a tiempo, acompañarlo, financiarlo y crear las condiciones para desarrollarlo.
Por cada dominicano que alcanza una meta extraordinaria, deberíamos preguntarnos cuántos quedaron atrás, no porque fueran menos capaces, sino porque les faltaron recursos, orientación, oportunidades o simplemente alguien dispuesto a apostar por ellos.
El talento necesita condiciones para desarrollarse.
Necesita disciplina y perseverancia, por supuesto, pero también oportunidades, formación, estructuras y personas e instituciones capaces de reconocer el potencial cuando todavía es apenas una promesa.
Como país, quizás ahí tenemos una de nuestras grandes tareas pendientes.
Pero hay otra dimensión en los triunfos del sábado que no deberíamos pasar por alto: sus protagonistas fueron dos mujeres.
Y aunque hemos avanzado enormemente, desarrollarse profesionalmente siendo mujer todavía supone asumir cargas que no se distribuyen de igual manera.
Según la Oficina Nacional de Estadística (ONE), las dominicanas registran una carga total de trabajo de 66.3 horas semanales frente a 56.9 de los hombres, una diferencia relacionada, entre otros factores, con el mayor peso del trabajo doméstico y de cuidados no remunerado.
Las mujeres estudiamos, producimos, competimos, emprendemos y ocupamos espacios que durante generaciones parecían reservados para los hombres, mientras muchas continúan respondiendo a responsabilidades familiares y expectativas sociales que no desaparecieron cuando comenzaron a conquistar esos nuevos espacios.
Reconocerlo no disminuye nuestros avances; al contrario, permite entender mejor el esfuerzo que todavía supone alcanzar determinadas metas.
Joheirry y Marileidy triunfaron en escenarios completamente distintos, pero sus victorias nos invitan a pensar en quienes todavía trabajan, entrenan, estudian o emprenden lejos de los reflectores.
El sábado vimos a dos dominicanas en la cima.
Ojalá sus historias nos enseñen a reconocer a quienes todavía están construyendo el camino para llegar hasta ella, mujeres y hombres con talento que quizás solo necesitan una oportunidad.
Porque un país que solo descubre a los suyos cuando triunfan los descubre demasiado tarde.
El verdadero apoyo comienza mucho antes de la corona y el diamante.
Cambiemos el chip.
Con información de El Nuevo Diario.

