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La tala
Robles centenarios y árboles de mango frondosos fueron talados en pleno centro urbano de Baní, con un presupuesto de 57 millones de pesos para remozar el centro, según reportó Listín Diario.
Los árboles estaban frente a la Gobernación de Peravia, las Oficinas Gubernamentales y el hospital Nuestra Señora de Regla. Durante décadas dieron sombra a esa zona y fueron parte del paisaje que los banilejos identifican como su centro.
Tras la tala, la indignación estalló en la ciudad: espacios de la televisión local, plataformas digitales y redes sociales se llenaron de reacciones. Ambientalistas, juristas y comunicadores calificaron lo ocurrido como «un auténtico ecocidio urbano».
Las explicaciones
Desde sectores vinculados al poder local se han dado argumentos para justificar el tumbe: un supuesto deterioro del concreto por las raíces y el envejecimiento de las especies. Para los críticos, esas explicaciones se contradicen entre sí y no explican por qué se eliminaron árboles que estaban en buen estado, ni por qué no se optó por poda o trasplante.
La obra de remozamiento, de 57 millones de pesos, incluye intervención en aceras y espacio público. El punto en discusión es si el proyecto exigía la tala o si la tala fue una decisión de conveniencia.
Lo que se perdió
Un roble centenario no se repone con una siembra: tarda generaciones en alcanzar la copa que tenía. En una ciudad de planicie y calor como Baní, esos árboles cumplían una función que no aparece en los planos: bajar la temperatura de la acera, dar sombra a quien espera un turno en el hospital y servir de referencia para ubicar una dirección.
La pérdida, además, es patrimonial. El centro de Baní conserva casas y edificios de valor histórico, y el arbolado era parte del conjunto.
Qué falta por saber
No se ha informado con claridad quién autorizó la tala, si existía un permiso ambiental y qué estudio técnico la respaldó. Tampoco se ha dicho si habrá reposición de árboles ni de qué especie.
Para los banilejos que se organizaron en redes y en la televisión local, la discusión ya no es solo sobre los árboles: es sobre cómo se toman las decisiones que cambian el espacio público sin consultar a la gente que vive en él.
Con información de Listín Diario.



