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Doce Años El Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes, conocido por sus siglas en inglés como PISA, no mide cuánto memorizan los jóvenes de quince años, mide algo más exigente, si son capaces de usar lo que han aprendido para resolver problemas reales.
El argumento
Esa diferencia, que parece sutil, es en realidad el corazón del debate que este informe reabre cada tres años en decenas de países, y que el pasado 8 de septiembre de 2026 volvió a colocar a República Dominicana frente a un espejo que incomoda.
La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, conocida por sus siglas como OCDE, presentó ese martes la novena edición de PISA, la más amplia de su historia, con la participación de 91 países y economías y más de 760,000 estudiantes evaluados, en representación de alrededor de 33 millones de jóvenes de esa edad en el mundo.
Contexto
Ciencias fue, en esta ocasión, el área principal de evaluación, acompañada de Matemática y Lectura.
Por primera vez se incluyó, además, un módulo sobre aprendizaje en el mundo digital y resolución de problemas mediante herramientas computacionales.
Conclusión
Para República Dominicana, esta entrega tiene un peso particular, y una cifra basta para resumirla, menos de uno de cada cuatro estudiantes de quince años lee al nivel mínimo que PISA considera aceptable.
Ese dato no significa que no haya avances.
Los resultados muestran una mejora sostenida en Ciencias entre 2018 y 2025, algo que solamente lograron unos pocos sistemas educativos en un contexto internacional donde varios países retrocedieron.
Pero esa mejora convive con un estancamiento de fondo en Matemática y con una Lectura que ha oscilado sin encontrar una tendencia clara.
Once años después de haber rendido su primera prueba, y con más de una década de aplicación del 4% del Producto Interno Bruto (PIB) destinado por ley a la educación preuniversitaria, la pregunta que este artículo intenta responder con cifras, no con impresiones, no es si la política fracasó, sino algo más preciso, ¿en qué se ha traducido, y en qué no, una inversión de esa magnitud? Antes de continuar, conviene una aclaración metodológica.
PISA no evalúa el currículo dominicano ni mide el esfuerzo de los maestros dentro del aula, evalúa si un joven de quince años puede aplicar lo que sabe frente a un problema que nunca ha visto antes.
Por eso sus resultados pesan más de lo que a veces parecen decir, y por eso también conviene leerlos con cuidado, sin convertir un puntaje en una sentencia.
Quien escribe estas líneas lo hace desde el conocimiento acumulado en las aulas dominicanas, como extécnico Docente Nacional del Nivel Básico, jubilado en 2006, y con la convicción de que los datos de PISA 2025 no deben leerse como un veredicto cerrado, sino como una oportunidad, quizás la más clara que ha tenido el país en una década, para preguntarse dónde ha fallado la ejecución de una política educativa que, en el papel, ha sido ambiciosa.
PISA nace en 1997, impulsada por la OCDE, como respuesta a una pregunta que hasta entonces ningún organismo internacional respondía con datos comparables, si los sistemas educativos del mundo preparan realmente a sus jóvenes para la vida adulta.
La primera aplicación ocurrió en el año 2000, y desde entonces el estudio se repite en ciclos de tres años, con una sola excepción, la de 2021, que se trasladó a 2022 debido a la pandemia.
República Dominicana llegó tarde a ese ejercicio.
El país participó por primera vez en 2015, quince años después de que otros sistemas educativos comenzaran a medirse bajo esta metodología.
El resultado de ese debut fue duro, 332 puntos en Ciencias, 328 en Matemática y 358 en Lectura, cifras que colocaron al país en el último lugar entre los 72 países participantes en Ciencias y Matemática.
En Lectura, la posición fue algo menos severa, entre los ocho sistemas educativos con peor desempeño de esa edición, aunque no la última.
Ese primer examen no llegó en un momento cualquiera.
Ocurrió en el tercer año de ejecución del 4% del PIB destinado a educación preuniversitaria, iniciado en 2013.
La coincidencia de fechas resulta reveladora, apenas tres años de una nueva estructura presupuestaria no bastaron para sacar al país del último lugar, y esa primera fotografía marcaría el punto de partida de todas las comparaciones posteriores.
Esa primera participación, sin embargo, no debe leerse como un fracaso aislado, sino como la línea base necesaria para entender lo que vendría después, un recorrido de tres ciclos más, con avances desiguales, que es precisamente el objeto de la siguiente sección.
La serie de resultados dominicanos en PISA, verificada contra los informes oficiales de la OCDE, permite ver con claridad qué ha mejorado y qué se ha estancado.
En 2015, de 72 países participantes, el país obtuvo 332 puntos en Ciencias, 328 en Matemática y 358 en Lectura, con el último lugar en las dos primeras materias.
En 2018, de 79 países participantes, los resultados fueron 336 en Ciencias, 325 en Matemática y 342 en Lectura.
Es decir, Matemática cayó, de 328 a 325 puntos, mientras Lectura retrocedió con fuerza frente a 2015, de 358 a 342.
El país quedó en el lugar 78 de 79 tanto en Matemática como en Ciencias, y en el lugar 76 en Lectura.
En 2022, de 81 países, República Dominicana alcanzó su mejor resultado en Ciencias hasta ese momento, con 360 puntos, además de 339 en Matemática y 351 en Lectura, en el lugar 79 en Matemática, 77 en Ciencias y 74 en Lectura.
Ese ciclo tuvo un significado especial, porque fue uno de los apenas 11 países, entre los 81 evaluados, que logró mejorar sus resultados respecto a la medición anterior.
En 2025, el país llegó a 361 puntos en Ciencias, prácticamente igual que en 2022, se mantuvo exactamente en 339 en Matemática y bajó a 346 en Lectura.
La OCDE considera estas tres variaciones frente a 2022 estadísticamente insignificantes, el país permaneció igual entre un ciclo y otro.
El avance real y sostenido se observa en un plazo más largo, entre 2018 y 2025, Ciencias ganó 25 puntos, y Matemática y Lectura también se ubican por encima de sus niveles de 2015 y 2018.
La posición relativa de 2025 confirma este panorama con cifras exactas en tres de los cuatro dominios evaluados.
En Ciencias, de 91 países y economías, el lugar fue 81, apenas por debajo de Kirguistán, y por encima de Palestina, Marruecos, Kosovo, Paraguay, Irak, Guatemala, Zambia, Kenia, Tayikistán y Ruanda, un grupo de países con puntajes estadísticamente muy cercanos entre sí.
En Lectura, de 89 países evaluados, el lugar fue 80.
En resolución de problemas computacionales, de 84 países evaluados, el lugar fue 77.
En Matemática, las fuentes disponibles no ofrecen todavía un número de posición exacto entre los 91, aunque los 339 puntos obtenidos ubican al país en un grupo similar al de Guatemala y Paraguay.
A nivel regional, el panorama no es más alentador.
De los 13 países latinoamericanos que participaron en PISA 2025, República Dominicana ocupó el puesto 11, superando únicamente a Paraguay y Guatemala.
Uruguay, con 445 puntos en Ciencias, y Chile, con 442, encabezan la región.
Dos datos conviene subrayarlos por encima de cualquier puntaje promedio, porque desnudan mejor la magnitud del problema.
El primero, solamente el 9% de los estudiantes dominicanos alcanza el nivel mínimo de competencia en Matemática, el 23% en Lectura y el 26% en Ciencias, frente a promedios de la OCDE de 65%, 69% y 74%, respectivamente.
Casi siete de cada diez estudiantes dominicanos, un 69.3%, muestra bajo desempeño simultáneo en las tres materias.
El segundo, incluso entre los estudiantes de mejor situación socioeconómica, la presencia en los niveles más altos de desempeño es prácticamente nula, la fortaleza del sistema dominicano está en que la pobreza no impide destacar tanto como en otros países, no en que el país produzca muchos estudiantes de excelencia.
Sobre esto último conviene una precisión importante.
El 12% de los estudiantes dominicanos de menor nivel socioeconómico logra ubicarse entre el 25% de mejor desempeño del país en Ciencias, una proporción igual al promedio de la OCDE, y la diferencia de puntaje entre alumnos favorecidos y desfavorecidos, de 69 puntos, es menor que la brecha de 85 puntos de la OCDE.
Es una fortaleza real de equidad interna.
Pero no debe confundirse con una señal de calidad general, porque describe qué tan parejo es un desempeño que, en conjunto, sigue siendo bajo para todos.
Estas cifras, leídas en conjunto, dejan una pregunta abierta que la siguiente sección intenta responder, si la inversión educativa ha sido de gran magnitud, ¿por qué la proporción de jóvenes con competencias mínimas sigue siendo tan baja? Los estudiantes evaluados en 2025 no son un grupo cualquiera, son prácticamente la primera generación que cursó toda su educación básica bajo el régimen del 4% del PIB.
Ingresaron a la escuela primaria cuando esa estructura presupuestaria ya estaba en funcionamiento, y llegaron a los quince años bajo sus resultados.
Entre 2013 y 2025, el Estado dominicano asignó aproximadamente RD$2,437,909.3 millones a educación preuniversitaria, según cifras de la Dirección General de Presupuesto (Digepres).
De ese monto, cerca del 92%, es decir RD$2,242,876 millones, se destinó a gasto corriente, salarios y material gastable.
Solamente el 8% restante se dirigió a gasto de capital, construcción y renovación de planteles, infraestructura tecnológica y formación docente.
Esa proporción no demuestra, por sí sola, que el dinero se haya usado mal.
Pero sí ayuda a explicar algo concreto, el país ha comprado tiempo de aula, salarios, cierta infraestructura y acceso.
Todavía no ha comprado, en la proporción esperada, aprendizaje que los estudiantes puedan aplicar fuera del aula.
En 2011, ante la Asamblea Nacional, el entonces presidente Leonel Fernández advirtió que la inversión en educación era necesaria e importante, pero que no constituía, por sí sola, una causa suficiente para garantizar su calidad.
La Coalición Educación Digna respondió en su momento que esa posición era irresponsable.
Sin tomar partido en ese debate de hace quince años, el dato de PISA 2025 obliga a revisarlo con otra mirada, el país necesitaba el dinero, y el dinero, en efecto, no ha bastado.
Los datos de ejecución en el aula ayudan a entender por qué.
Según cifras reportadas por el Instituto Dominicano de Evaluación e Investigación de la Calidad Educativa (IDEICE), durante el año lectivo 2024-2025 las escuelas dominicanas perdieron en promedio 18.9 días de docencia.
La propia PISA 2025 añade otro ángulo del mismo problema, cerca del 50% de los estudiantes faltó al menos un día en las dos semanas previas a la prueba, frente a un 22% en el promedio de la OCDE.
Un 45% faltó al menos a una clase dentro de ese mismo período.
Las condiciones materiales tampoco son uniformes.
El 41% de los estudiantes asiste a centros cuyos directores consideran que la falta de materiales educativos dificulta la enseñanza.
El 43% estudia en escuelas con deficiencias de infraestructura percibidas por sus propios directores.
No todo es carencia, y sería injusto no decirlo.
La percepción de escasez de docentes cayó de manera notable, de 55% de los estudiantes en escuelas con esa carencia en 2022, a 33% en 2025, una proporción incluso mejor que el promedio de la OCDE, situado en 39%.
El acompañamiento docente también mejoró, el 89% de los estudiantes dice que sus profesores muestran interés genuino por su aprendizaje, frente a un 69% en el promedio de la OCDE.
Ahí está la paradoja que este artículo quiere nombrar.
El sistema educativo dominicano mejoró condiciones que dependen directamente de la voluntad política y del gasto, más maestros presentes, mejor acompañamiento docente, una equidad socioeconómica relativa favorable.
Pero esas mejoras todavía no logran traducirse en la competencia que PISA mide, la capacidad de aplicar lo aprendido.
Esto sitúa la crítica en un terreno técnico más que político, no se trata de qué gobierno gastó cuánto, sino de si el país está invirtiendo en las palancas correctas para convertir presencia y acceso en aprendizaje real.
La pregunta que corresponde hacerle a cualquier gobierno, sea cual sea su color político, es si se continuará administrando el mismo modelo de gasto esperando resultados distintos, o si se auditará, con la misma seriedad con que se exigió el 4%, en qué se está usando ese 4%.
Los datos de PISA 2025 dejan un balance que no admite lecturas simples.
Entre 2013 y 2025, el Estado dominicano sostuvo una de las mayores inversiones educativas de su historia bajo el mandato del 4% del PIB.
La mejora en Ciencias es real cuando se mide en el plazo correcto, 2018 a 2025, y el país figura entre los sistemas educativos que lograron elevarla en la última década.
Pero el estancamiento en Matemática y la falta de una tendencia clara en Lectura confirman que el problema no es solamente de volumen de recursos, es de en qué se invierte y cómo se ejecuta esa inversión dentro de cada aula.
Noventa y dos de cada cien pesos invertidos sostienen la operación diaria del sistema, salarios y material gastable, mientras que apenas ocho de cada cien se dirigen a mejorar sus condiciones de fondo.
Mientras esa proporción no cambie, y mientras las escuelas sigan perdiendo cerca de 19 días de docencia por año lectivo, es razonable esperar que los próximos ciclos de PISA repitan un patrón parecido, avances puntuales en una materia, estancamiento en otra.
La advertencia que Leonel Fernández planteó en 2011, antes de que el país rindiera su primera prueba, no debe leerse hoy como una controversia política, sino como un punto de partida técnico, cuánto se invierte importa, pero importa igual, o más, en qué se invierte y cómo se ejecuta esa inversión en cada aula del país.
Por esa razón, la conclusión de este artículo no es un llamado a reducir el compromiso presupuestario con la educación, sino a revisarlo con instrumentos concretos y medibles.
La próxima actualización del Plan de Educación Horizonte 2034 tiene la oportunidad de auditar públicamente la relación entre gasto corriente y gasto de capital, de fijar metas explícitas de tiempo efectivo de docencia, de reforzar la tutoría temprana en lectura donde los datos muestran mayor rezago, y de publicar un tablero de resultados por regional y distrito educativo, no solamente un promedio nacional.
Exigir esto no es indignarse más, es pedir las herramientas que permitan, en el próximo ciclo, contestar con hechos si el país por fin transformó su presupuesto en aprendizaje.
Todos los datos, cifras y fechas de este artículo son verificables.
Los puntajes y posiciones de PISA 2015, 2018, 2022 y 2025, incluida la posición 81 de 91 en Ciencias y los países de referencia cercanos, provienen de los informes oficiales de la OCDE y de coberturas periodísticas que citan directamente esos informes, entre ellas El Comercio (Perú) y Hoy.com.do.
La cifra presupuestaria de RD$2,437,909.3 millones y la proporción 92% gasto corriente / 8% gasto de capital provienen de la Dirección General de Presupuesto (Digepres), reportadas por El Dinero.
El dato de 18.9 días de docencia perdidos proviene del Instituto Dominicano de Evaluación e Investigación de la Calidad Educativa (IDEICE), reportado por Acento.
Los datos de asistencia escolar, carencia de materiales, infraestructura, escasez docente percibida, apoyo docente y equidad socioeconómica provienen directamente del informe PISA 2025 de la OCDE.
La declaración del presidente Leonel Fernández corresponde a su discurso de rendición de cuentas ante la Asamblea Nacional del 27 de febrero de 2011, cuyo texto está disponible en el sitio oficial del Ministerio de Economía, Planificación y Desarrollo (MEPyD).
Docente Nacional del Nivel Básico, jubilado en 2006
Con información de El Nuevo Diario.



