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Mayoría Silenciosa A medida que se desmoronan los pilares del orden global posterior a 1945 -el apoyo a los derechos humanos, la cooperación multilateral, el estado de derecho, la ayuda humanitaria y la gestión ambiental- y que, uno tras otro, los países reducen o incluso suspenden la financiación destinada a las organizaciones internacionales, el próximo secretario general de las Naciones Unidas se enfrenta a una tarea abrumadora.
El argumento
La paz y la prosperidad globales pueden depender de su éxito.
Estados Unidos ha liderado este “vaciamiento” más reciente de las instituciones multilaterales del mundo, al anunciar en enero de 2026 que dejaría de participar y de financiar 31 entidades de la ONU, incluido el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, y 35 organismos ajenos a la ONU.
Contexto
Bajo la presidencia de Donald Trump, Estados Unidos se ha retirado de la Organización Mundial de la Salud y de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura.
Y Estados Unidos no actúa en solitario: Argentina ha abandonado oficialmente la OMS, y el retiro de Nicaragua de la UNESCO se producirá este diciembre.
Conclusión
De los 195 países del mundo, solo 125 son actualmente estados integrantes del Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional, mientras que Níger, Burkina Faso y Mali han seguido los pasos de Burundi y Filipinas y se retiraron (las principales potencias nucleares -Estados Unidos, China y Rusia- no son parte).
Ningún país puede abandonar la Corte Internacional de Justicia, el órgano judicial de las Naciones Unidas, sin salir de la propia ONU, pero cuatro de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad -Estados Unidos, Rusia, China y Francia- no han aceptado la cláusula opcional que reconoce la jurisdicción de la CIJ como obligatoria.
Solo 75 países lo han hecho.
No es de extrañar que se puedan cometer abusos contra los derechos humanos y crímenes contra la humanidad con impunidad.
Estas no son las únicas formas en que se ha debilitado el orden multilateral.
La disrupción interna puede ser tan perjudicial como la deserción.
La negativa a cooperar siempre ha hecho que el acuerdo entre los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU sea casi imposible en asuntos importantes.
Pero ahora, la creación de organizaciones rivales, como la “Junta de la Paz” de Trump, basada en el tráfico de influencias, y la falta de plena cooperación por parte de muchos otros países miembro han socavado gravemente las facultades de la ONU para mantener la paz.
Como resultado de ello, el estado de derecho internacional, construido gradualmente desde la Declaración de San Petersburgo de 1868, que fue la primera en intentar regular la conducta en la guerra, está perdiendo rápidamente credibilidad.
En los 65 conflictos entre estados de hoy, incluidas ocho guerras internacionales, la distinción entre combatientes y no combatientes se ha vuelto cada vez más difusa.
Las escuelas y los hospitales se ven amenazados repetidamente o incluso se convierten en blancos, ignorando las protecciones de más de un siglo de antigüedad que ofrece el Convenio de La Haya de 1907.
A pesar de todos los tratados destinados a protegerlos, los niños que viven en zonas de conflicto corren más riesgo que nunca.
Hay quien cree que el fin de la hegemonía estadounidense y el actual estancamiento institucional significan que el multilateralismo está necesariamente moribundo.
Sin embargo, si bien el auge de China confirma un giro hacia la multipolaridad, con múltiples centros de toma de decisiones, el multilateralismo sigue siendo una opción viable.
De hecho, dada la necesidad de proporcionar bienes públicos globales como la acción climática y la salud pública, de los que todos dependemos, todos saldremos perjudicados si los países no encuentran mejores formas de cooperar, ya sea mediante acuerdos regionales o de otro tipo, para alcanzar objetivos específicos y consensuados.
Sin embargo, el primer ministro canadiense, Mark Carney, ha planteado una cuestión más amplia en su histórico discurso en Davos el pasado mes de enero, así como lo hizo el presidente finlandés, Alexander Stubb, en su reciente libro El triángulo del poder. ¿Otras potencias pueden encontrar una base dentro de la Carta de las Naciones Unidas para cumplir los objetivos globales acordados, incluso cuando Estados Unidos, Rusia y China recurran a medidas unilaterales? En este sentido, el primer paso es que los países demuestren que pueden cooperar en políticas concretas sin el consentimiento de las superpotencias, y superar un entorno internacional cada vez más hostil.
Afortunadamente, ya se están logrando avances.
A pesar de que Estados Unidos se mantuvo al margen, 124 países votaron a favor de adoptar el Acuerdo sobre Pandemias de la OMS (solo 11 países se abstuvieron) en la Asamblea Mundial de la Salud, lo que supone un gran logro para la salud pública.
Más de 100 países pequeños y medianos respaldan el tratado propuesto por la ONU para prevenir y castigar los crímenes contra la humanidad.
Vanuatu, un pequeño estado insular, lideró recientemente una coalición que llegó a contar con 132 países para obtener un dictamen consultivo de la CIJ en el que se declara que la inacción frente al cambio climático constituye una violación del derecho internacional.
Si bien no se ha avanzado en la propuesta de tratado para regular los plásticos, cabe destacar el éxito del Tratado de Alta Mar de la ONU.
A pesar de contar solo con el apoyo de una superpotencia (China), el tratado ha entrado en vigor.
Sierra Leona y Marruecos figuran entre los líderes que lo impulsaron para superar el umbral de ratificación el año pasado (al momento de redactar este artículo, 93 países lo han ratificado).
Del mismo modo, el Convenio de Liubliana-La Haya, que garantiza la asistencia judicial recíproca en materia de extradición -una iniciativa liderada por Argentina, Bélgica, Mongolia, los Países Bajos, Senegal y Eslovenia-, contó con el apoyo de 80 países.
Es cierto, por supuesto, que se han logrado pocos avances en lo que respecta a la acumulación de armas nucleares y a la lucha contra la proliferación nuclear.
Varios países han hablado de desarrollar o instalar este tipo de armas en su territorio.
Y, a pesar de los numerosos esfuerzos, no se ha avanzado lo suficiente en la regulación de las tecnologías cibernéticas y la IA, dos ámbitos en los que Estados Unidos y China son dominantes.
Sin embargo, ha habido otros éxitos.
Un sistema alternativo de arbitraje para resolver disputas comerciales cuenta hasta ahora con 34 integrantes.
La UE y el Acuerdo Integral y Progresista de Asociación Transpacífico están barajando la posibilidad de una relación más estructurada que, en el caso de que India se uniera a ellos, podría dar lugar al mayor bloque comercial jamás visto.
En un desafío directo a Rusia, el Consejo de Europa ha liderado a 36 países y a la Unión Europea a la hora de manifestar su intención de apoyar un tribunal especial que investigue el crimen de agresión de Rusia contra Ucrania.
Se puede lograr mucho más.
Los países que no son ni superpotencias ni sus satélites controlan aproximadamente tres cuartas partes de los votos en el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, representan amplias mayorías en la Organización Mundial del Comercio y la OMS, y ocupan dos de las cinco bancas permanentes en el Consejo de Seguridad de la ONU, así como doce de las quince en total.
Un cambio significativo en la opinión pública global ofrece aún más motivos para el optimismo.
La proliferación de guerras y conflictos no ha empujado a los ciudadanos hacia un patriotismo exacerbado; por el contrario, una creciente mayoría reconoce el valor de la colaboración transfronteriza.
En una encuesta global de 2025 encargada por la Fundación Rockefeller, el 55% de los encuestados en 34 países apoyó la cooperación internacional para afrontar los desafíos globales, “aunque ello suponga ceder en algunos intereses nacionales”.
Esto incluye a una clara mayoría de las personas encuestadas en Estados Unidos, lo que demuestra que la agenda “Estados Unidos Primero” de su presidente hoy es una postura minoritaria.
A pesar del enfoque coercitivo de la administración estadounidense actual en materia de diplomacia, los norteamericanos pueden estar convencidos de que actuar de forma unilateral en un mundo multipolar es una visión cortoplacista, y de que la persuasión y la cooperación sirven mejor a los intereses de Estados Unidos.
Sin embargo, por el momento, el progreso dependerá de un impulso coordinado por parte de los líderes de potencias afines.
Una mayoría de la población mundial, hasta ahora silenciosa, anhela regresar a los tiempos del compromiso multilateral y la cooperación internacional.
Y todo indica que no permanecerá en silencio para siempre.
Nuestros líderes deben seguir su ejemplo y reconocer que este es el único camino viable hacia adelante.
Gordon Brown, ex primer ministro del Reino Unido, es embajador de la Organización Mundial de la Salud para la Financiación Sanitaria Global y autor, más recientemente, de The Future Starts With Us (Simon & Schuster UK, septiembre de 2026).
Copyright : Project Syndicate, 2026. www.project-syndicate.org Tags relacionados LAS MÁS RECIENTES fórmula uno comicios presencia dominicana estadio olímpico félix sánchez
Con información de Listín Diario.



