Cultura

El baluarte olvidado: mi caminata por el Fuerte San Gil

Fuerte San. En medio del remozado litoral marino de Santo Domingo, una fortaleza colonial del siglo XVI languidece entre el estigma del abandono, la.

El Nacional noticia 3853

Fuerte San Ciudad Colonial En medio del remozado litoral marino de Santo Domingo, una fortaleza colonial del siglo XVI languidece entre el estigma del abandono, la indolencia institucional y el sigiloso dominio de las iguanas Ubicado en la avenida George Washington, erigido sobre los acantilados del malecón de SD, se alza el histórico Fuerte San Gil, atrapado en el olvido.

Contexto

Jorge González 07.09.2026 | 10:17 07.09.2026 | 10:28 En: Santo Domingo, RD.- El sol caía de manera implacable sobre el asfalto recién renovado del malecón de Santo Domingo, proyectando luces brillantes sobre las olas.

Caminé despacio mientras observaba a los ciclistas y corredores disfrutando tranquilamente de este paseo costero, concebido para el descanso y la recreación.

Detalles

Sin embargo, al acercarme a la intersección con la avenida Palo Hincado, la atmósfera de modernidad comenzó a desvanecerse bruscamente ante mis ojos.

Frente a mí, erigido sobre los acantilados de la George Washington, se alza el histórico Fuerte San Gil, completamente atrapado en el olvido.

Reacciones

Respiré el aire salobre proveniente del mar Caribe, mezclado con un penetrante hedor que presagiaba la decadencia del baluarte colonial.

Cruzar la entrada sin custodia fue adentrarme en un escenario desgarrador donde la historia dominicana perece en silencio, sin la mínima atención oficial.

Ciudades Jorge González Esa imponente torreta circular fue construida originalmente alrededor de 1543, bajo el mandato del arzobispo Alonso de Fuenmayor.

Su objetivo principal era defender la próspera ciudad colonial contra los constantes ataques de piratas e invasores extranjeros indeseados.

Paradójicamente, la centenaria estructura que una vez protegió a la isla de Santo Domingo hoy no tiene a nadie que la defienda.

Me encontré con un recinto que, si bien luce despejado de basura gruesa, está profundamente sumido en la mugre y el deterioro estético.

Vista panorámica de una parte interior del Fuerte de San Gil, lleno de maleza.

Jorge González Avancé un par de pasos más y percibí cómo este patrimonio nacional se ha convertido en un trágico dormitorio para personas indigentes.

En los rincones oscuros de la fortaleza vi la evidencia de que también es usado como letrina por los palomos que viven en la zona.

Resulta chocante comprobar cómo este punto estratégico, tan cercano a importantes hoteles capitalinos y al puerto Don Diego, se encuentra abandonado. “A mí me da vergüenza como está este monumento, algunas veces vienen turistas y no se atreven a entrar porque siempre hay indigentes durmiendo en la entrada y adentro ni hablar.

Si usted observa, este tipo de ruinas se remoza con poca cosa” , dijo Leo Antonio Cibrián, ciclista.

Un movimiento sigiloso entre los matorrales secos llamó mi atención mientras caminaba lentamente hacia la parte posterior del baluarte de piedra.

Sobre un muro azotado por el salitre vi posada una enorme iguana verde que me miraba fijamente con absoluta desconfianza territorial.

Mi impresión fue de tal sorpresa que no pude captar el momento con una fotografía.

El reptil permanecía completamente inmóvil, mimetizado con la vegetación silvestre que poco a poco se ha ido apoderando de las grietas históricas.

Un segundo ejemplar, de menor tamaño, se desplazó velozmente entre los bloques de piedra, adueñándose de los espacios donde antes descansaba la artillería.

Estas iguanas verdes parecen ser los únicas guardianes actuales de la deteriorada torreta, reinando un ambiente marcado por el aislamiento imperante.

Resulta sumamente irónico que la fauna silvestre sea la única que habita activamente este espacio vital para la memoria patria dominicana.

Uno de los cañones que sirvieron para defender la isla en el Fuerte San Gil, está tirado en el asuelo totalmente abandono.

Jorge González Caminando por el perímetro exterior me topé con Jaime Sosa, un vecino de la zona que lleva cuatro décadas residiendo cerca. "Yo vivo aquí en la zona desde hace 40 años y estoy seguro que aquí había dos cañones más que ya no están" , me comentó.

El residente miró con una profunda tristeza mientras señalaba las bases vacías de mampostería donde solían descansar las históricas piezas pesadas de bronce. "Esto también operó como un restaurante hace unos 25 años", agregó mientras señalaba con la mano los vestigios del antiguo negocio.

Todo parece indicar que la edificación sufrió un despiadado desmantelamiento en años pasados, sufriendo el lamentable robo de sus cañones.

Estas valiosas reliquias bélicas de la Era Colonial probablemente terminaron vendidas de manera clandestina como simple chatarra en algún mercado informal local.

La indignación se hace inevitable al pensar en la falta de vigilancia continua sobre un monumento expuesto a plena vista del público.

Ninguna autoridad custodió adecuadamente las valiosas armas que durante siglos permanecieron apuntando firmemente hacia el horizonte del mar de la capital.

Un fuerte olor a orina, y en algunos lugares materia fecal en interior del Fuerte San Gil, lleno de maleza.

Jorge González Sosa suspiró antes de continuar su relato sobre las gestiones burocráticas frustradas que han rodeado al antiguo baluarte militar. "Según tengo entendido, Carolina Mejía, la alcaldesa, quería repararlo, pero eso pertenece a Patrimonio Cultural o a Turismo" , me explicó Sosa.

Esta confusa división de competencias estatales ha creado un preocupante limbo institucional donde nadie asume la responsabilidad directa del rescate.

Mientras el ayuntamiento remozó la avenida, el monumento sigue atrapado en discusiones sobre cuál entidad debe intervenir de manera inmediata.

Caminé hacia el borde del acantilado, sintiendo la brisa marina golpear con fuerza contra la imponente estructura de piedra centenaria.

Próximo al llamado obelisco hembra permanece paralizado en el tiempo, viendo pasar el desarrollo urbano sin ser incluido.

Resulta incomprensible cómo una joya arquitectónica construida en 1543 termina convertida en refugio improvisado de "palomos" y gente desamparada.

La estructura resistió ataques de piratas e invasiones extranjeras, pero sucumbe lentamente ante la desidia y la indiferencia burocrática moderna.

Me alejé del Fuerte San Gil dejando atrás la majestuosa vista del mar y el triste espectáculo de la desidia estatal.

Espero que las "autoridades competentes" reaccionen pronto, recuperando este valioso baluarte colonial antes de que sea destruido por completo por el tiempo.

El abandono del Fuerte San Gil contrasta con el cuidado de las aceras, el verdor y todo el entorno de lugar.

Jorge González Periodista, fotógrafo, reportajista y editor fotográfico de El Nacional Lo más reciente Ronny Mateo El Nacional El Nacional El Nacional Pilar Moreno

Con información de El Nacional.

Escribe un comentario

Tu dirección de correo no se publica.