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Empresas Horas Adam Smith escribió que poco más hace falta para llevar a un Estado de la mayor barbarie a la mayor opulencia que tres cosas: paz, impuestos moderados y una administración de justicia tolerable.
El argumento
Lo demás, decía, lo trae el curso natural de las cosas.
Vale la pena tener esa tríada a mano al leer el anuncio de la semana pasada.
Contexto
El 9 de septiembre, el presidente Luis Abinader encabezó el lanzamiento de «Empresas en 24 Horas» (E24H), un proyecto del Ministerio de Industria, Comercio y Mipymes que unifica en una sola plataforma —Empresas24H.gob.do— el registro del nombre comercial en ONAPI, el registro mercantil de la Cámara de Comercio y Producción de Santo Domingo y el RNC de la DGII.
Formulario único, pagos en línea, prevalidación del nombre por WhatsApp, estatutos generados automáticamente y seguimiento digital de subsanaciones.
Conclusión
Lo que tomaba semanas, se promete en un día.
El ministro Eduardo Sanz Lovatón atribuyó el paso, en buena parte, a la Ley 30-26, que derogó el impuesto a la constitución de compañías.
Digámoslo sin regateos: es una buena noticia.
Un Estado que elimina traslados, formularios repetidos y discrecionalidad en ventanilla está haciendo exactamente lo que debe.
Que la Federación de Cámaras de Comercio haya unificado criterios de calificación registral para todo el territorio es, además, un avance de seguridad jurídica que quienes litigamos a diario sabremos apreciar: una misma situación, una misma respuesta, en Santo Domingo o en Dajabón.
Primera: el impuesto todavía se paga.
La nota oficial dice que la Ley 30-26 «derogó» el impuesto del 1 % sobre el capital social.
Es cierto, pero incompleto.
El calendario de implementación publicado por la DGII el 26 de junio de 2026 es explícito: la derogación del impuesto por constitución de compañías y aumento de capital (artículo 58) entra en vigencia en el ejercicio fiscal 2027.
Quien constituya una sociedad hoy, en 24 horas o en 24 días, sigue pagando el 1 %, con un mínimo de mil pesos.
No es un detalle menor cuando se vende un producto llamado «burocracia cero».
Segunda: la plataforma nace en Santo Domingo.
El registro mercantil integrado es el de la Cámara de Santo Domingo; el propio comunicado reconoce que la herramienta «se ampliará a todo el territorio nacional».
Un emprendedor de Santiago, Barahona o La Vega sigue, por ahora, en el régimen anterior.
Quedan fuera también, temporalmente, las sociedades con aportes en naturaleza, con accionistas extranjeros y las actividades que requieren permisos sectoriales.
Es decir: la vía rápida es para la sociedad sencilla, de capital dominicano, en la capital.
Razonable como primera fase.
Tercera: ya lo habíamos anunciado antes.
En octubre de 2013, el entonces Ministerio de Industria y Comercio lanzó la Ventanilla Única de Formalización, Formalízate, prometiendo bajar el trámite de veinte días laborables a siete.
Aquello no fue un fracaso: un estudio del BID de 2023 encontró que su despliegue por provincias se asoció con la entrada de más microempresas al sector formal, sobre todo en comercio y turismo.
Pero trece años después seguimos anunciando la misma reforma, con mejor tecnología.
La lección es que la ventanilla resuelve la entrada, no la permanencia.
Y aquí conviene volver a Adam Smith.
Constituir una empresa en un día ataca la primera barrera, la administrativa.
Pero la informalidad dominicana —que supera el 55 % en términos amplios y ronda el 98 % del tejido empresarial formal en el segmento MIPYME— no se explica por la dificultad de abrir, sino por el costo de permanecer.
Al día siguiente de recibir su RNC, la microempresa recién nacida descubre la TSS, que hoy no permite cotizar por debajo del salario mínimo aunque el trabajador haya laborado catorce días; descubre los formatos 606 y 607; descubre que el régimen simplificado exige la misma disciplina contable que el ordinario, solo con menos papel.
Nadie formaliza para volver a esconderse; pero muchos se esconden porque la formalidad, una vez adentro, cuesta más de lo que rinde.
Por eso la reforma verdaderamente transformadora no es la que reduce el tiempo de nacimiento de una empresa, sino la que reduce el costo de sus primeros tres años de vida: contribuciones patronales escalonadas para la microempresa genuina, dispensa de la TSS para jornadas parciales, interoperabilidad real entre DGII, TSS y Ministerio de Trabajo, y un régimen simplificado que sea simple de verdad.
Las 24 horas son la puerta.
La casa sigue siendo cara.
Merece aplauso que el Estado haya entendido que la formalidad debe ser más barata que la informalidad, y que el Ministerio de Administración Pública hable de interoperabilidad como objetivo de gobierno y no como consigna.
Merece aplauso que las 32 cámaras de comercio hayan aceptado criterios comunes.
Y merece reconocimiento que el Consejo Nacional de Competitividad conecte esto con la meta RD2036 de duplicar el tamaño de la economía, porque un país no duplica su economía con 55 % de su fuerza laboral fuera del sistema.
Lo que hay que vigilar es más sencillo de enunciar: cuántas de las empresas nacidas en 24 horas siguen vivas y cotizando a los doce meses.
Ese es el único indicador que importa.
Si en septiembre de 2027 el ministerio publica esa cifra —no cuántas se constituyeron, sino cuántas permanecen—, sabremos si esto fue una reforma o una plataforma.
La formalidad no se conquista en la ventanilla; se conserva en la nómina.
Un país no se mide por lo rápido que deja nacer a sus empresas, sino por cuántas logra que crezcan sin tener que esconderse.
Con información de El Nuevo Diario.

