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Septiembre 11

Como a las nueve de la mañana del martes 11 de septiembre de 2001, entré a la redacción de El Nacional y pasé saludando aquí y allá a los pe

Septiembre Algo más que salud José Díaz 10.09.2026 | 08:00 10.09.2026 | 08:00 Como a las nueve de la mañana del martes 11 de septiembre de 2001, entré a la redacción de El Nacional y pasé saludando aquí y allá a los periodistas con los que me llevaba muy bien, pues ya tenía quince años como columnista, cruzando hasta el área de diagramación con mi columna en una memoria para el jueves.

El argumento

Había jolgorio ya que ese día se celebraba el 35 aniversario de la fundación del periódico, pero, además, se había captado una noticia en la televisión pequeña, ubicada en el mismo centro de la redacción, y casi todo el mundo suspendió sus tareas para ver la noticia, un avión se había estrellado en una de las torres gemelas de New York.

A esa hora ya el periódico estaba concebido y las noticias que irían en primera página identificadas, algunos dijeron que era un accidente, aunque como quiera habría que cambiar la portada; Radhamés Gómez Pepín, el director, mi amigo, voceó que había que esperar, que todavía no se comprendía bien el hecho, y casi al terminar de hablar estaba entrando el otro avión en la otra torre, y ahí, el aguzado olfato periodístico de don Radha, con más de 50 años de ejercicio (en ese momento), le hizo asegurar “Averigüen por todos los cables, esas pendejadas no lucen accidentes”.

Contexto

Y así fue, minutos después se aseguraban eran atentados y se sabía de los otros dos aviones secuestrados que estaban en vuelo, uno hacia el pentágono y otro que cayó en Pensilvania al enfrentarse los pasajeros a los cinco secuestradores.

Yo, como media humanidad, en ese momento, me había quedado paralizado, entonces reaccioné y llegué a dejar mi trabajo en diagramación.

Conclusión

En la redacción todo estaba dirigido a reorganizar el periódico para meter esta tragedia que cambiaría el mundo.

Un cable periodístico, que leí ayer decía, entre otras cosas, “Veinticinco años después, las imágenes de los aviones penetrando las Torres Gemelas siguen siendo la representación más reconocible del 11 de septiembre de 2001.

Pero son las cifras y las consecuencias de aquellos ataques las que explican su dimensión: 2,977 personas asesinadas, cuatro aviones secuestrados, 2,680 personas con lesiones físicas, pérdidas económicas estimadas en 83,000 millones de dólares, al valor del 2001, el pago de indemnización por parte del Gobierno de 7,000 millones de dólares, a víctimas, familiares de las víctimas (A propósito de eso vean una película fantástica con Micael Keaton “¿Cuánto vale una vida?”.

Nota de José Díaz) y una transformación de la seguridad aérea que se extendió desde Estados Unidos al resto del mundo.

Ambas torres, de 110 pisos, se derrumbaron en un lapso de 1 hora 42 min, El balance fue de 2,977 víctimas mortales de más de 90 países, Entre los fallecidos hubo 343 miembros del Departamento de Bomberos de Nueva York, 23 agentes del Departamento de Policía de Nueva York.

Hasta aquí los hechos. ¿Las causas y principales responsables? Todavía no se sabe.

Hay infinidad de teorías y algunas de ellas sostienen que las autoridades norteamericanas sabían de los secuestros, pero no de lo serios daños que causarían, y los permitieron, pero no vamos a especular y si quiero rebatir el cable diciendo que un 11 de septiembre, por mandato de Richard Nixon y Henry Kissinger, hubo una masacre mayor, crímenes de lesa humanidad, al ordenar en 1973 el derrocamiento de Salvador Allende en Chile.

El desglose general de víctimas de la dictadura, de acuerdo con los informes oficiales consolidados (Comisión Rettig y Comisión Valech): Fallecidos y ejecutados políticos: 2.123 personas.

Detenidos desaparecidos: 1.093 personas cuyos cuerpos nunca fueron encontrados.

Víctimas totales de prisión política y tortura: Superan las 40.000 personas reconocidas oficialmente por el Estado chileno. ¿Son comparables a los 3,000 mil de los atentados de 2001? En resumen, se estiman más 20 mil los muertos (57 % en los últimos meses de ese 1973) por ese grupo de asesinos encabezados por Pinochet y aupados por Estados Unidos, que ese mismo año se vio obligado a salir con el rabo entre las piernas de Vietnan conflicto que dejó un saldo estimado de más de 58,000 soldados estadounidenses muertos y más de dos millones de bajas entre la población vietnamita. ¿Eso no es mayor impacto humano que las dichosas torres gemelas? Quiero aprovechar sobre esto un interesante trabajo aparecido en la página “El historiador” por Felipe Pigna, que establece: “Según surge de los documentos recientemente desclasificados del pentágono, la Casa Blanca y la CIA, la embajada de los Estados Unidos en Chile recibió la orden de sondear la permeabilidad de los legisladores chilenos a ser sobornados para que se negaran a ratificar, en el parlamento, el resultado electoral que eligió a Allende en 1970.

Se negaron y buscaron otra permeabilidad, la de que las Fuerzas Armadas dieran un golpe militar preventivo que impidiera la asunción de Allende.

Recibiendo la rotunda negativa del comandante en jefe, general René Schneider.

Ante estas malas noticias para Washington, Nixon ordenó eliminar a Schneider.

Según las anotaciones registradas por el secretario Richard Helmes de una reunión en el salón oval de la Casa Blanca presidida por Nixon y Kissinger, el presidente dijo que no le preocupaban los costos, Los deseos de Nixon se cumplieron.

La respuesta de Washington es inmediata y confidencial. “Se envían subametralladoras y munición por correo regular, que saldrá de Washington a las 7.00 horas.

Las armas llegaron puntualmente y el 22 de octubre de 1970 caía asesinado por negarse a encabezar un golpe de Estado, ideado y financiado por el gobierno de los Estados Unidos, el general René Schneider.

Como quiera no pudieron impedir el ascenso de Salvador Allende.

Usando mil formas desestabilizadoras llegan a septiembre de 1973.

El gobierno de los Estados Unidos mantuvo contactos directos con los militares que preparaban el golpe contra Allende, no hubo tregua para aquel hombre digno y valiente que quiso intentar la vía pacífica al socialismo.

El poder económico de los Estados Unidos, representado por Nixon y sus muchachos, decidió que Chile debía caer, que aquel proceso debía ser abortado a cualquier precio.

No ahorraron esfuerzos ni dineros, millones fueron empleados en financiar huelgas patronales como la de los camioneros que paralizaban el país, para pagar campañas mediáticas contra el gobierno, como aquel famoso titular de un diario chileno que decía “faltará el azúcar”.

No faltaba el azúcar, pero al leer la noticia cientos de miles de chilenos se lanzaron a buscarla y sí faltó.

Mientras tanto, Pablo Neruda escribía uno de sus últimos poemas: “Nixon, Frei, Pinochet, hasta hoy, hasta este amargo mes de septiembre de 1973, con Bordaberry, Garrastazú y Banzer, hienas voraces de nuestra historia, roedores de las banderas conquistadas con tanta sangre y tanto fuego, encharcados en sus haciendas, depredadores infernales, sátrapas mil veces vendidos y vendedores, azuzados por los lobos de Nueva York, máquinas hambrientas de dólares, manchadas en el sacrificio de sus pueblos martirizados, prostituidos mercaderes del pan y el aire americanos, cenagales verdugos, piara de prostibularios caciques, sin otra ley que la tortura y el hambre azotada del pueblo”.” El resto es historia conocida.

Nos duele el septiembre 11 de 2001, pero desde el punto de vista humano, el septiembre 11 de 1973 es mil veces peor.

No olvidemos que este 11 El Nacional, con su bella historia estará de cumpleaños, al igual que el club “Mauricio Báez” y mi sobrina Issvel López en Barcelona, orgullo del que hace “algo más que salud”.

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Con información de El Nacional.

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