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Trump Amenazas – Donald Trump ha convertido las amenazas maximalistas en una herramienta recurrente de su Gobierno.
Contexto internacional
Desde su regreso a la Casa Blanca, el presidente de Estados Unidos ha planteado embargos comerciales, anexiones territoriales y acciones militares como mecanismos de presión contra países, aliados e instituciones.
La más reciente advertencia apunta a la Reserva Federal (Fed), institución independiente a la que Trump presiona para que reduzca los tipos de interés.
Reacciones de actores clave
El mandatario llegó a plantear la posibilidad de suspender el comercio con países con los que Estados Unidos mantiene déficits. “Podríamos hacernos un enorme favor simplemente dejando de comerciar con países”, afirmó Trump.
Entre sus ejemplos mencionó a la Unión Europea y sostuvo que Estados Unidos debería tener los tipos de interés “más bajos del mundo”.
Implicaciones
La declaración refleja una estrategia que Trump ha utilizado durante su segundo mandato: plantear consecuencias extremas para aumentar la presión sobre Gobiernos, instituciones e incluso adversarios políticos.
Recibe en tu correo las noticias más importantes del día En algunos casos, su retórica ha alcanzado niveles especialmente duros.
El pasado 7 de abril, durante la guerra con Irán, Trump advirtió que “una civilización entera morirá esta noche” si Teherán no reabría el estrecho de Ormuz.
También amenazó con destruir puentes y centrales eléctricas iraníes, aunque finalmente no ejecutó esas acciones.
El papa León XIV calificó de “verdaderamente inaceptable” la amenaza contra el pueblo iraní.
La presión tampoco se ha limitado a los adversarios de Washington.
Trump ha insistido en que Canadá debería convertirse en el estado número 51 de Estados Unidos.
En mayo de 2025, el primer ministro canadiense, Mark Carney, respondió que su país “nunca estará en venta”.
Trump también ha mantenido sus pretensiones sobre Groenlandia, territorio autónomo de Dinamarca y parte del espacio estratégico de la OTAN.
En marzo de 2025 declaró ante el Congreso: “De una forma u otra, vamos a conseguirla”.
Otro objetivo mencionado por el mandatario ha sido el canal de Panamá.
Durante su discurso de investidura, el 20 de enero de 2025, afirmó que Estados Unidos “lo recuperará”, pese a que el canal se encuentra bajo soberanía panameña.
Semanas después, Trump planteó que Estados Unidos asumiera el control de Gaza, trasladara a los palestinos a otros países y transformara el territorio en un destino turístico.
Aliados del presidente, entre ellos el secretario de Estado, Marco Rubio, han restado importancia a algunas de sus declaraciones más radicales y las han presentado como parte de una estrategia de negociación.
Rubio sostuvo en enero de 2025 que Trump no comenzaría una negociación renunciando a sus instrumentos de presión.
Según explicó, se trata de una táctica habitual del mundo empresarial aplicada a la política exterior.
La coerción económica también ocupa un lugar central en la estrategia del presidente.
Trump ha amenazado con imponer aranceles de al menos el 100 % a los países BRICS si intentan sustituir al dólar.
Asimismo, ha planteado aranceles del 200 % sobre vinos y otras bebidas alcohólicas procedentes de Europa.
El secretario del Tesoro, Scott Bessent, anticipó en febrero de este año la posibilidad de recurrir a medidas comerciales más severas después de que el Tribunal Supremo limitara la capacidad de Trump para imponer determinados aranceles. “El Tribunal Supremo le ha quitado capacidad de presión al presidente, pero, en cierto modo, ha hecho que la capacidad de presión que conserva sea más draconiana”, explicó Bessent.
Las amenazas de Trump tampoco se han limitado a la política exterior.
El mandatario ha amenazado con retirar a Harvard su exención fiscal y ha reclamado actuaciones de la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) contra medios y periodistas críticos.
El filósofo y profesor de la Universidad de Georgetown, Olufemi Taiwo, considera que el cumplimiento de algunas promesas de campaña se apoya cada vez más en la confrontación con los adversarios políticos de la Administración y sus simpatizantes.
En el denominado Trump 2.0, la posibilidad de aplicar la consecuencia máxima se ha convertido en una herramienta habitual del ejercicio del poder presidencial.
Aunque algunas amenazas terminan retirándose, modificándose o convirtiéndose en materia de negociación, su utilización mantiene en alerta a aliados y adversarios de Washington.
Mientras tanto, sus críticos, entre ellos el Partido Demócrata, sostienen que esta política aumenta los riesgos para la seguridad estadounidense y el orden internacional.
Con información de El Nuevo Diario.


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