Opinión

El corazón de la auyama

Corazón Auyama. Distinguidos lectores: “El corazón de la auyama solo lo sabe el cuchillo”. Este popular dicho dominicano encierra una verdad que, aunque.

El corazón de la auyama

Corazón Auyama “El corazón de la auyama solo lo sabe el cuchillo”.

El argumento

Este popular dicho dominicano encierra una verdad que, aunque sencilla, dice mucho: la situación de cada quien solo la conoce y la siente profundamente quien la está viviendo.

Es demasiado cierto.

Contexto

Esta frase es muy cierta.

Hay momentos en los que no existen palabras suficientes para acompañar a quien atraviesa una situación difícil.

Conclusión

Podemos abrazar, escuchar, orar y decir “estoy contigo”, pero, aun con toda nuestra intención, nunca llegamos a dimensionar completamente el dolor del otro.

En días pasados, en una clase con un destacado docente él decía: Existe la historia con H y la historia individual, y esta es la que importa.

No deberíamos menospreciar ni encasillar el sufrimiento de nadie.

Cada persona tiene su historia, sus circunstancias y también su manera de enfrentar el dolor, pero hay algo que sí podemos hacer: tener empatía.

La empatía requiere mirar al otro con amor (admito que no es fácil).

Ser prudentes.

No preguntar más de lo que la persona está dispuesta a contar; entender que hay quienes prefieren guardar silencio y vivir determinados procesos en la intimidad.

Respetarlo también es una forma de amar.

Estamos viviendo una época de demasiada exposición, decidir que no desean contar lo que les pasa es tan valido como el que decide contarlo.

Lo más profundo que podemos hacer desde nuestro corazón es: orar, y he aprendido que la oración se hace en la intimidad.

Este miércoles quiero elevar una súplica por todos los que atraviesan una pena de salud, por los enfermos, por quienes los cuidan, sus familias, quienes esperan una noticia y por los que, desde la distancia, solo pueden sostenerse en la oración.

Que Cristo, Yahveh, Jehová se haga presente donde hoy haya miedo, incertidumbre o cansancio.

Que abrace a quien no quiere hablar.

Que dé fuerzas a quien está intentando ser fuerte.

Que lleve consuelo donde las palabras ya no alcanzan.

Porque creemos en un Dios que conoce incluso aquello que no somos capaces de decir.

Que Dios conceda los bienes necesarios, cubra cada necesidad y sostenga a cada cuidador y a cada familia.

Y para quienes están viviendo este momento en silencio, mi oración es especialmente por ustedes.

Que puedan sentir la presencia de Dios aun en los días más difíciles; que puedan conocer esa paz que sobrepasa todo entendimiento: A Dios le pido que los cubra con su amor, que los sostenga con su misericordia y que, dondequiera que estén, puedan sentir que no están solos.

Es periodista con más de 15 años de experiencia en varios medios de comunicación, estudiante de Sociología y humanista.

Con información de El Nuevo Diario.

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