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Fernando Abreu Con el anuncio de Angelo Vásquez, líder de la Antigua Orden Dominicana, de querer aspirar a la presidencia de la República, se ha puesto de moda, tal cual como si fuera farmear aura, el soñar con sentarse en la silla presidencial.
El argumento
Fernando Abreu, autoproclamado el único candidato de derecha en el país, ha gritado a los cuatro vientos que posee un 2 % de intención de voto porque salió en una encuesta de esas que tanto se publican en los medios de comunicación.
Su consuelo es que así empezaron Abelardo y Milei.
Contexto
Tanto Fernando como Angelo son figuras distintas, con estilos y discursos diferentes, pero con más puntos en común de los que aparentan.
Ambos parten de una misma acera política, marcada por la radicalización, la simplificación de la realidad y visiones que pueden resultar peligrosas.
Conclusión
Por ejemplo, por su accionar, en el caso de Angelo, quien porta uniformes negros al estilo fascista italiano, parecería que sueña con un Reich dominicano donde no habiten haitianos y donde los militares marchen al son del himno de Horst Wessel o la «Canción del Diablo», que entonaban las SS de Heinrich Himmler cuando sus Einsatzgruppen marchaban por Europa del Este y aniquilaban ciudades enteras.
En el caso de Fernando, es obvio que emularía a Javier Milei, su ídolo argentino, pese a que actualmente su popularidad ha caído un 30 % debido a escándalos de corrupción por parte de su ministro Adorni, señalamientos contra su hermana Karina Milei alias “La coimera”, así como al desmejoramiento de la calidad de vida de los argentinos.
Además, el discurso radical, en blanco y negro, de Fernando sobre temas de derecha e izquierda, particularmente, no lo entiende el dominicano, no porque no pueda, sino porque simplemente no le importa.
Ya he dicho antes que en República Dominicana las ideologías están muertas.
Y si existiera una, solo habría una de manera unánime: la ideología del dinero.
Y qué bueno que sea así. ¿Se imaginan un escenario polarizado donde la gente tenga que elegir entre un filofascista a la clara, que coloca en sus redes sociales himnos nazis parafraseados en contexto dominicano y no tiene reparos en levantar estandartes haciendo referencia a la masacre del perejil de 1937, o un aficionado a político que no matiza en colores, sino que simplifica la realidad política entre buenos y malos? Gracias a Dios, aquí todavía hay un sistema de partidos bien fuerte, un empresariado unido y un pueblo que aprendió a no escuchar melodías de Hamelín.
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Con información de Listín Diario.

