Opinión

Los asesinos de la verdad

Asesinos Verdad. Nunca habíamos tenido tanta capacidad para comunicarnos y, paradójicamente, nunca había resultado tan difícil distinguir entre lo.

Los asesinos de la verdad

Asesinos Verdad Nunca habíamos tenido tanta capacidad para comunicarnos y, paradójicamente, nunca había resultado tan difícil distinguir entre lo verdadero, lo falso y lo deliberadamente manipulado.

El argumento

La democratización de la comunicación constituye uno de los grandes logros de la era digital.

Hoy no se necesita ser propietario de un periódico, una emisora o un canal de televisión para participar en el debate público.

Contexto

Basta un teléfono, una cámara, un micrófono y acceso a una red social para que cualquier ciudadano pueda informar, denunciar, opinar y alcanzar, en cuestión de minutos, a miles de personas.

Eso es extraordinariamente positivo para una sociedad democrática.

Conclusión

Pero todo poder trae consigo responsabilidad.

En medio del afán de ser viral, por conseguir interacciones, , “me gusta”, comentarios y posicionamiento, también han surgido lo que llamaría : quienes, en lugar de utilizar el enorme poder de la comunicación para arrojar luz, informar, enseñar o contribuir al debate público, convierten la desinformación, el contenido sesgado o la manipulación en mecanismos para permanecer en el centro de la conversación.

Y entonces surgen algunas preguntas incómodas: ¿en qué momento la ética comunicacional quedó relegada por la búsqueda de notoriedad? ¿Por qué tener un micrófono o miles de seguidores parece suficiente para presentar cualquier afirmación como verdadera? ¿Hasta dónde estamos dispuestos a sacrificar nuestros principios por los beneficios económicos que puede generar una plataforma digital? El problema adquiere una dimensión todavía mayor con la inteligencia artificial.

Ya no hablamos solamente de alguien que publica una información incorrecta.

Hoy es posible crear fotografías de acontecimientos que nunca sucedieron, reproducir artificialmente la voz de una persona o fabricar videos extraordinariamente realistas atribuyéndole declaraciones o conductas que jamás realizó.

La mentira adquirió herramientas que antes pertenecían a la ciencia ficción.

Precisamente por ello, el nuevo Código Penal dominicano incorpora respuestas frente a determinadas conductas que pueden producirse en este escenario.

Entre ellas se encuentra la regulación del contenido falso o manipulado cuando imágenes, videos o audios falsos o alterados lesionan derechos como el honor, el buen nombre, la propia imagen o la reputación.

La legislación también mantiene figuras tradicionales como la difamación y la injuria, ahora enfrentadas a una realidad comunicacional completamente diferente.

Pero sería un error creer que este problema puede resolverse únicamente mediante el derecho penal.

La libertad de expresión constituye uno de los pilares de cualquier democracia y debe recibir una protección especialmente intensa.

Incluye el derecho a criticar, cuestionar, investigar y expresar opiniones que pueden resultar incómodas para quienes ejercen funciones públicas.

Una democracia donde solamente puedan publicarse informaciones agradables sería cualquier cosa menos una democracia.

Tampoco toda información incorrecta constituye automáticamente un delito.

El error periodístico, una opinión controvertida, una interpretación equivocada y la fabricación consciente de una falsedad no pueden colocarse en el mismo plano y tratarse igual.

El derecho penal, por su naturaleza de , exige distinguir cuidadosamente unas conductas de otras.

Una cosa es equivocarse buscando la verdad y otra muy distinta Las leyes podrán establecer consecuencias jurídicas, pero ninguna legislación sustituirá la ética.

Quien comunica debe comprender que detrás de cada publicación existen personas, familias, reputaciones y derechos.

Una información falsa puede recorrer el país en minutos; una rectificación, cuando finalmente llega, difícilmente alcanza la misma velocidad.

La tecnología continuará evolucionando.

La inteligencia artificial hará cada vez más difícil distinguir determinados contenidos auténticos de aquellos artificialmente creados.

Por eso necesitaremos mejores leyes y mayores capacidades para detectar la manipulación, pero también algo que ninguna tecnología puede proporcionarnos: responsabilidad individual.

Porque la libertad de expresión nos concede un enorme poder para hablar.

La ética nos recuerda que ese poder también implica la responsabilidad de no convertir la mentira en un modelo de comunicación.

Con información de El Nuevo Diario.

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