Escuchar el artículo
Pisa 2025 Los resultados de PISA 2025 vuelven a colocar a República Dominicana frente a una realidad difícil de maquillar: seguimos teniendo serias dificultades para lograr que nuestros estudiantes comprendan, razonen y apliquen lo aprendido.
El argumento
Solo el 9% de los estudiantes dominicanos de 15 años evaluados alcanzó al menos el nivel básico en matemáticas.
En lectura lo logró el 23% y en ciencias el 26%.
Contexto
Dicho de otra forma, 91 de cada 100 estudiantes quedaron por debajo del nivel mínimo esperado en matemáticas; 77 de cada 100 en lectura y 74 de cada 100 en ciencias.
No estamos hablando de resolver problemas extraordinariamente complejos.
Conclusión
PISA mide, entre otras cosas, la capacidad de interpretar información, aplicar conocimientos a situaciones cotidianas y utilizar el razonamiento.
Este es, precisamente, el dato más inquietante.
Porque el problema no es únicamente cuánto contenido se imparte en el aula, sino cuánto de ese contenido el estudiante realmente comprende y puede utilizar.
República Dominicana ha mostrado avances frente a algunas mediciones anteriores, especialmente en matemáticas y ciencias.
Sin embargo, los resultados de 2025 no representan un salto significativo frente a 2022.
Eso obliga a evitar dos extremos: ni podemos desconocer los progresos alcanzados, ni podemos celebrar como suficiente un desempeño que todavía mantiene a una enorme proporción de estudiantes por debajo de las competencias mínimas.
La distancia frente a los países de la OCDE sigue siendo profunda.
Y esa brecha debería preocuparnos mucho más que cualquier discurso triunfalista.
Desde 2013, República Dominicana destina el equivalente al 4% del Producto Interno Bruto a la educación preuniversitaria.
Aquella conquista permitió ampliar infraestructura, fortalecer la Jornada Escolar Extendida, incorporar tecnología y aumentar los recursos destinados al sistema.
Pero PISA vuelve a recordarnos una verdad incómoda: invertir más no garantiza, por sí solo, aprender más.
Construir una escuela no garantiza que dentro de ella se aprenda.
Entregar una computadora no garantiza que se utilice para aprender.
Tener una jornada de ocho horas tampoco significa necesariamente ocho horas de aprendizaje efectivo.
Después de más de una década del 4%, el país debe avanzar hacia una discusión más exigente.
Ya no basta preguntar cuánto se invierte.
También debemos preguntar cómo se invierte y qué resultados produce esa inversión.
Cada vez que aparecen malos resultados educativos surge la tentación de buscar un culpable único.
Con frecuencia, la responsabilidad termina concentrándose en el maestro.
PISA refleja problemas de disciplina, ruido, distracción y dificultades para mantener ambientes adecuados de aprendizaje.
Por eso el docente debe formar parte de la conversación, pero no como chivo expiatorio.
El sistema necesita maestros mejor acompañados, formación vinculada a los problemas reales del aula, evaluación del desempeño y herramientas para identificar temprano a los estudiantes que no están aprendiendo.
Apoyar al buen maestro y exigir resultados no son ideas contradictorias.
Hay otro factor que merece atención: el uso creciente de celulares y otros dispositivos.
Sería simplista afirmar que las pantallas son responsables directas del bajo rendimiento académico.
La tecnología, bien utilizada, puede convertirse en una herramienta educativa extraordinaria.
El problema aparece cuando deja de ser instrumento y se convierte en distracción.
PISA muestra que una proporción importante de estudiantes dominicanos reconoce distracciones por dispositivos digitales durante las clases, y quienes reportaron mayores niveles de distracción obtuvieron resultados inferiores en ciencias.
La discusión ya no puede limitarse a decidir si los estudiantes tienen acceso a tecnología.
Ahora debemos preguntarnos qué hacen con ella, durante cuánto tiempo y con qué propósito.
A esto se suma la inteligencia artificial.
Cada vez más estudiantes la utilizan para resumir textos, redactar trabajos y apoyar tareas.
Eso abre posibilidades, pero también plantea un nuevo reto: enseñar a usar la tecnología para pensar mejor y no simplemente para evitar pensar.
Los resultados también muestran señales preocupantes en el acompañamiento familiar y el ausentismo.
Cerca de la mitad de los estudiantes dominicanos evaluados reconoció haber faltado al menos un día completo de clases durante las dos semanas previas a la prueba.
No existe reforma educativa capaz de compensar totalmente la ausencia sistemática del estudiante, la falta de disciplina, el debilitamiento de los hábitos de lectura o la indiferencia familiar frente al proceso educativo.
PISA no puede convertirse en otro documento que provoque titulares durante unos días y luego desaparezca del debate público.
República Dominicana necesita priorizar de manera mucho más agresiva la lectura y las matemáticas desde los primeros grados, detectar temprano a los estudiantes rezagados, fortalecer la formación y evaluación docente, recuperar el tiempo efectivo de aprendizaje y establecer reglas claras para el uso de celulares y pantallas.
También debe reconstruir la alianza entre escuela y familia.
Y, sobre todo, necesita evaluar cada política educativa con una pregunta sencilla: ¿esto está mejorando realmente al estudiante.
Con información de El Nuevo Diario.

