Opinión

Sin pensamiento crítico no habrá transformación

Sin Pensamiento. En el marco de la consulta nacional sobre el futuro de la educación dominicana, una pregunta ha acompañado constantemente mi reflexión:.

Sin pensamiento crítico no habrá transformación

Sin Pensamiento En el marco de la consulta nacional sobre el futuro de la educación dominicana, una pregunta ha acompañado constantemente mi reflexión: ¿estamos discutiendo la educación que queremos construir o únicamente las herramientas con las que pretendemos hacerlo? Cada vez estoy más convencida de que la principal misión de la educación del siglo XXI ya no es transmitir información, sino formar personas capaces de pensar con autonomía.

El argumento

Ese, a mi entender, es el verdadero propósito del pensamiento crítico.

Hace más de un siglo, John Dewey defendía que la educación debía desarrollar el pensamiento reflexivo para preparar a las personas para la vida en sociedad.

Contexto

Hoy esa idea resulta más vigente que nunca.

Nunca habíamos tenido tanto acceso a la información ni tanta dificultad para discernir entre evidencia, opinión y desinformación.

Conclusión

La inteligencia artificial puede producir respuestas en segundos, pero ninguna tecnología puede sustituir el buen juicio.

Ahí reside, precisamente, el gran desafío educativo de nuestro tiempo.

Por eso, el pensamiento crítico no puede seguir viéndose como una competencia más del currículo.

Debe convertirse en el propósito que oriente todo el sistema educativo.

Las reformas pueden cambiar normas, estructuras y procesos; esta capacidad transforma la manera en que las personas comprenden la realidad, toman decisiones y participan en la vida democrática.

Allí se encuentra la base de cualquier transformación duradera.

Esta convicción se fortaleció recientemente durante mi participación en el VIII Congreso Internacional ALFAMED.

Allí confirmé que, más allá de las diferencias entre países, existe una preocupación compartida: el reto ya no consiste únicamente en incorporar tecnologías a las aulas, sino en formar ciudadanos capaces de comprenderlas, cuestionarlas y utilizarlas con responsabilidad.

La innovación educativa no debería medirse por la cantidad de herramientas digitales que utilizamos, sino por la capacidad de análisis y discernimiento que ayudamos a desarrollar.

Pero ese cambio difícilmente ocurrirá si antes no fortalecemos a quienes hacen posible el aprendizaje cada día: los docentes.

Mi experiencia en la formación docente y en la gestión universitaria me confirma que no podemos aspirar a desarrollar estudiantes con criterio si nuestros educadores no cuentan con oportunidades para fortalecer esas mismas capacidades. ¿Cómo esperamos formar ciudadanos críticos si esa capacidad no ocupa un lugar central en la formación de quienes los educan? La formación inicial y continua del profesorado debe integrar el pensamiento crítico, la alfabetización mediática e informacional, la ética digital y el uso responsable de la inteligencia artificial.

Más que enseñar a utilizar herramientas, debemos preparar a los docentes para enseñar a pensar.

La alfabetización mediática e informacional es hoy una condición para ejercer plenamente la ciudadanía.

Implica verificar fuentes, comprender cómo circula la información, reconocer la desinformación y participar en el debate público con argumentos sustentados en evidencias.

Sin pensamiento crítico no hay ciudadanía democrática.

Hace unas semanas escribía en estas mismas páginas que la evidencia también merece un asiento en la mesa cuando se diseñan las políticas educativas.

Hoy añadiría una idea complementaria: la evidencia, por sí sola, no transforma la educación.

Solo cuando es interpretada con criterio, debatida críticamente y traducida en decisiones informadas puede convertirse en una verdadera fuerza de cambio.

Si esta consulta nacional aspira a dejar un verdadero legado, el pensamiento crítico debe convertirse en el eje articulador del currículo, la formación docente, la evaluación y la educación para la ciudadanía.

Esa sería, a mi juicio, la decisión más trascendente que podríamos tomar.

Porque la transformación educativa que necesita la República Dominicana no comenzará con más tecnología, más contenidos ni más reformas.

Comenzará cuando asumamos, como sistema educativo y como país, que formar personas capaces de pensar con autonomía, discernir con criterio y actuar con responsabilidad sigue siendo la razón de ser de la educación.

Solo entonces estaremos formando ciudadanos capaces no solo de adaptarse al futuro, sino también de construirlo.

La autora es Doctora en Ciencias Sociales y Jurídicas y vicerrectora académica de la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña (UNPHU).

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Con información de Listín Diario.

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