Opinión

¿Y si la ansiedad no es una enemiga, sino una aliada?

Ansiedad Enemiga. Hoy todos hablan de ansiedad. Ha tomado tanta relevancia que está en boca de todos. De hecho, a cualquier cosa se le llama de esta.

Imagen genérica Al Sur del País

Ansiedad Enemiga Hoy todos hablan de ansiedad.

El argumento

Ha tomado tanta relevancia que está en boca de todos.

De hecho, a cualquier cosa se le llama de esta manera y hasta hemos normalizado vivir con ella o paliarla sin entender su mensaje.

Contexto

Y ahí está el problema.

Hoy quiero invitarte a reencuadrarla.

Conclusión

Solemos verla como una enemiga, pues nos roba la calma.

Pero, ¿y si en realidad es una aliada disfrazada? La ansiedad es una alarma interna que nos avisa de que algo puede estar siendo percibido como una amenaza.

Nuestro cerebro puede activar una respuesta de alarma tanto ante un peligro real como ante una situación que interpreta como peligrosa, aunque objetivamente no lo sea.

Aquí conviene hacer una distinción: el miedo y la ansiedad no son exactamente lo mismo.

El miedo suele aparecer frente a un peligro concreto o inmediato; la ansiedad, en cambio, muchas veces está relacionada con la anticipación de una amenaza futura o incierta.

Podríamos decirlo de una manera sencilla: el miedo nos dice “hay peligro ahora”; la ansiedad muchas veces nos dice “podría haber peligro después”.

Por eso, la ansiedad no aparece porque sí.

Aparece para decirnos: “¡Cuidado! Mírame, escúchame, hay algo importante aquí”.

En este sentido, aunque pueda resultar incómoda y desagradable, cumple una función: prepararnos para responder ante aquello que nuestro cerebro percibe como una amenaza.

El problema es que una alarma puede ser útil y, al mismo tiempo, demasiado sensible.

Pensemos en una alarma de humo: su función es protegernos de un incendio, pero puede sonar porque alguien quemó una tostada.

La alarma está funcionando; lo que tenemos que determinar es si realmente hay un incendio.

Con la ansiedad puede ocurrir algo parecido.

Nuestro cerebro puede interpretar como peligroso algo que, aunque nos resulte incómodo o difícil, no representa una amenaza real.

Lo interesante es darnos cuenta de que muchas veces no estamos frente a un peligro, sino frente a un reto que podemos afrontar.

Por ejemplo, hay personas que sienten una intensa ansiedad al hablar en público.

Su cerebro puede interpretar esa situación como una amenaza porque temen equivocarse, que se burlen de ellas, ser criticadas o no hacerlo suficientemente bien.

Como el cerebro percibe ese escenario como “peligroso”, activa la respuesta de alarma para protegerlas y evitar que se expongan a aquello que está anticipando.

Pero aquí aparece una pregunta importante: ¿realmente es peligroso hablar en público? ¿Corre peligro mi vida por tomar un micrófono? Obviamente, la respuesta es no.

Esto no significa que la ansiedad sea “imaginaria” o que debamos simplemente decirnos “no pasa nada”.

La respuesta corporal es real, aunque la amenaza que la activa pueda estar sobredimensionada o no existir.

Por eso, quizá no se trata de luchar contra la ansiedad para hacerla desaparecer inmediatamente, sino de aprender a escucharla y preguntarnos: ¿de qué me quiere proteger? Primero, puedo identificarla y nombrarla: “esto que estoy sintiendo es ansiedad”.

Luego puedo preguntarme: “¿qué está intentando protegerme de hacer o de sentir?” Y finalmente, discernir: “¿eso que mi cerebro percibe como peligroso es realmente una amenaza o es una interpretación?” La ansiedad puede darme una señal, pero no necesariamente tiene la razón.

Y esto es importante: sentir ansiedad de vez en cuando forma parte de la experiencia humana.

No toda ansiedad significa que exista un trastorno.

Se convierte en un problema cuando es excesiva, persistente, desproporcionada o comienza a interferir de manera importante con nuestra vida cotidiana.

Cuando dejamos de verla únicamente como una enemiga y comenzamos a comprenderla, podemos relacionarnos con ella de una manera diferente.

Puede convertirse en una brújula que nos ayude a mirar aquello que necesitamos atender, sin permitir que sea ella quien tome las decisiones por nosotros.

Entonces, la próxima vez que aparezca, en lugar de preguntarte únicamente “¿cómo hago para que esta ansiedad desaparezca?”, prueba con una pregunta diferente: ¿De qué está intentando protegerme y qué tan real es el peligro que está percibiendo? Quizás descubras que no necesitas luchar contra ella, sino aprender a escucharla, comprenderla y decidir desde la realidad, no desde el miedo. ¿Qué situaciones de tu vida estás evitando porque tu ansiedad las percibe como peligrosas, aunque en realidad sean retos que podrías afrontar? Tags relacionados LAS MÁS RECIENTES logro china partido revolucionario moderno problemas

Con información de Listín Diario.

Escribe un comentario

Tu dirección de correo no se publica.